El Príncipe de la Niebla, de Martin Mosebach

Lerner es un joven periodista, con ambiciones, al que su puesto en un periódico berlinés le viene pequeño, sobre todo porque sólo le encargan que cubra las noticias de incendios. Hasta que un día entra en su vida la señora Hanhaus, exuberante, vital, acostumbrada a imponer su voluntad al asalto.
Ella le convence, o más bien lo fuerza, a embarcarse en una aventura estrambótica: con el pretexto de buscar a un explorador polar perdido, el periódico le financiará una expedición, cuyo objetivo primordial, en cambio, será poner pie en la ártica Isla del Oso, posible depositaria de grandes depósitos de carbón de hulla, delimitar un perímetro y reivindicarla para el Imperio Alemán y, ya de paso, para la fantasma Sociedad de la Isla del Oso, formada por la señora Hanhaus y, posiblemente, por el joven Lerner, aunque de esto no puede estar seguro.
Semejante extravagancia, que al parecer está basada en un hecho real, le sirve a Mosebach para relatar, con fino humor, una historia demencial del aventurerismo colonial, que tanto rendimiento dio a los británicos; puesto que ellos (en uno de los mejores pasajes del libro) dominan esta clase de peripecias por el mundo, es necesario que los alemanes se trasladen al Ártico. Claro que en el Ártico están los rusos, concretamente un buque acorazado que llega poco después de que lo haga Lerner.
Las peripecias diplomáticas, empresariales y políticas de esta singular experiencia de colonialismo son narradas en el libro, pero sobre todo, lo que importa son dos personajes, uno mayor que la vida, la aventurera, estafadora y chantajista señora Hanhaus, y el joven Lerner, al que la vida parece empeñada en frustrar cualquiera de sus ilusiones y convertirlo en un fracasado, y que finalmente encontrará su lugar de la forma más inesperada.
La propia excentricidad de la empresa anima a seguir leyendo esta interesante novela, que sin embargo se encalla algo en su parte central; pero son sobretodo las desventuras de Lerner y el desparpajo y descaro de Hanhaus, una dama que jamás mira atrás en sus acciones, las que constituyen el patrimonio de un retrato de época perfectamente logrado, en el que lo colonial y exótico se aunaba con lo imperial y nacionalista. Sin perder nunca de vista el rendimiento económico, claro.
En suma, una novela agradable que trata un período poco habitual en la literatura y lo hace con humor y buen criterio.

(Der Nebelfürst)
Acantilado / Quaderns Crema, col. Narrativa
Barcelona, 2012 [2001]

Portada y sinopsis

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