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Cassos, de Philippe Carrèse

SESIÓN MATINAL

(Cassos); 2012

Director: Philippe Carrèse; Guión: Philippe Carrèse; Intérpretes: Didier Bénureau (Marc), Simon Astier (Toulouse), Agnès Soral (Mathilde), Marie Kremer (Chloé), Féodor Atkine (el hombre severo); Dir. de fotografía: Serge Dell'Amico; Música: Bruno Carrèse.

A España no llega ni la cuarta parte del cine francés que se produce. Y quien elige qué debe llegar tiene criterios muy peculiares: porqué se estrenan comedias étnicas de franceses del norte y del sur que una vez dobladas pierden casi toda su gracia es un misterio, como lo es que, en cambio, esta comedia no traspase fronteras.
Marc es un calzonazos. Desde el primer fotograma de la película. Está dominado por su mujer, que además le pone los cuernos sin disimulo. Y Marc, que es un tímido agente de seguros de provincias, está harto. Por motivos de trabajo, conoce a un gran delincuente, quien puede proporcionarle acceso a un asesino profesional y al dinero negro para pagarlo. Para ello, Marc sólo tiene que acompañar a uno de los miembros de su organización en un sencillo golpe a una joyería.
El contraste entre el delincuente profesional y el apocado e incompetente Marc está servido, y eso ya es motivo para unas situaciones de comicidad. Pero, además, los acontecimientos de la noche hacen que Marc realice un cursillo intensivo de criminalidad. Mal que bien, se convierte en un ser distinto, de una seguridad contrastante con su aspecto. Como dice el lema de la película, "Todos llevamos a un asesino en nuestro interior. O no". 
No es que el argumento sea demasiado nuevo, pero en una pequeña película como esta, las situaciones son inesperadas, la comicidad garantizada, el ritmo vivo y activo y, sobre todo, las interpretaciones de Didier Bénureau y de Simon Astier, magistrales.

Tráiler



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Jazz Porque Sí: Django Reinhardt 1944

Si la música de Django siempre fue feliz, a partir de 1944 tenía motivos adicionales para serlo. París había sido liberado, y, entre otras muchas opresiones de mayor importancia, el jazz se quitaba de encima la censura nazi y la sospecha continua.
No es de extrañar, pues, que la orquesta de Noël Chiboust interpretara una composición llamada Welcome, en dos partes (en la segunda está Django), lo que suena a bienvenida de unas tropas americanas e inglesas esperadas con ilusión desde hacía tiempo.
Y después de esta pieza, nos encontraremos de nuevo con "Django's Music", esa interpretación de la música de Django, más algún estándar orquestado por él, con orquesta e intervenciones solistas a cargo del guitarrista manouche. Escucharemos I Can Give You Anything but Love y Artillerie Lourde.
Con sonido deficiente, y en directo, tendremos a Django Reinhardt et son Orchestre en una competición concurso entre bandas, interpretando, de nuevo, Artillerie Lourde y Good Morning Blues.
Y entonces, como resalta el Cifu, habra una sesión de grabación en la que Django debió sentirse en el séptimo cielo: los músicos americanos de una banda queriendo tocar con él. Por motivos que el Cifu les detallará, los componentes de este grupo debieron quedar en el anonimato, aunque después se han descubierto, destacando el pianista Mel Powell, que figura en las enciclopedias y que no es ningún cualquiera en el manejo del piano. El caso es que Django está en su salsa, interpretando How High the Moon; If Dreams Come True; Hallelujah; y Stompin' at the Savoy. Los yanquis debieron quedarse sorprendidos de que no sólo fuera un solista excelente, sino un rítmico excepcional. Pero es que Django era así de genio.
Atentos a los comentarios del Cifu, y que disfruten.


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Fullcircle, de John Buchan

¿Es posible escribir una historia de fantasmas sin fantasma? Bueno, en caso que se quiera estafar al lector, creándole expectativas de terror y angustia cuya causa no se muestra, desde luego, pero también es posible escribir semejantes historias sin necesariamente mostrar el elemento perturbador, sino sus efectos, y hay varias muestras de ese tipo de relatos, de los cuales este Fullcircle (círculo vicioso, círculo cerrado) es una de sus mejores muestras.
El relato completo pueden leerlo en los enlaces que figuran al pie de esta reseña.
Para que se produzca ese milagro del relato de fantasmas sin espectro, necesariamente tiene que adoptarse un tono más pausado y calmado; cualquier pirotecnia sería caer en ese engaño que les citaba. Aquí, una casa tiene el protagonismo y el papel de catalizador, pero no por ello se trata de un relato de casa encantada o de "mal lugar"; los que narran pasan sus buenos ratos en ella sin que la casa se muestre invasora o atacante. Más bien, lo que se muestra es seductora como obra de Sir Christopher Wren que es (un guiño a la leyenda que acompañó al genial arquitecto inglés, que siempre tuvo un punto macabro y ocultista).
El caso es que la transformación de sus moradores a la que asistimos es, a la vez, insidiosa y pacífica. Los vemos convertirse de esos crédulos y combativos divulgadores de las paraciencias y de cualquier tipo de sistema social avanzado que aparezca, por estrambótico que sea (podríamos denominarlos, sin ánimo peyorativo, los friquis de principio del siglo XX) en personas apacibles, hogareñas y que aprecian la vida en lo que vale en su pasar diario, presididas sus existencias por ese intrigante retrato del primer morador de la casa con su irónica sonrisa, y que es uno de los motores del cuento, a la vez que una imagen que permanece en el ambiente. Todo ello da un relato de fantasmas benéfico, escrito de forma detallista y pausada, pero que no es ninguna tontería, gracias a sus detalles y a su buena estructura temporal. Un cuento del que uno sale con una sonrisa en los labios, pero también con la satisfacción de no haber sido engañado. Ha asistido a una historia de fantasmas sin terror, en efecto, pero con un fantasma bien tangible.
John Buchan no es un desconocido para los lectores, aunque nadie se acuerde de él. Es el autor de una de las novelas que dio origen a una de las mejores películas de Alfred Hitchcock en su etapa inglesa, Los 39 Escalones, y en ella ya se percibían las características que pueblan este relato: buen ritmo, algo de humor y un gran sentido narrativo.

(Fullcircle)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1928]

Texto en castellano de Fullcircle
Texto en inglés de Fullcircle


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La Leyenda del Santo Bebedor, de Joseph Roth

He aquí la historia de un milagro. Pero uno tan inusitado, callejero y contemporáneo que es un milagro laico. Y no sólo argumental, sino también literario, porque Joseph Roth consiguió, con una extrema brevedad, escribir una obra maestra.
En quince jornadas (es decir, capítulos), veremos el peregrinar por la vida de Andreas Kartak, clochard parisino, que en un encuentro fortuito recibe doscientos francos de un desconocido. Sabedor que no los podrá devolver jamás, Andreas se resiste a aceptarlos, pero el desconocido le pide que si tiene que devolverlos a alguien lo haga a santa Teresita de Lisieux, en la iglesia de Santa María de Batignolles.
En ese deambular, una y otra vez Andreas se acercará a la iglesia con los doscientos francos adeudados, y una y otra vez será desviado de su propósito: por antiguas amantes, por antiguos amigos. Pero sucesivos milagros se suceden: en cuanto su bolsillo se vacía, de una u otra manera vuelve a tener dinero.
Y entre copas de vino y sucesos maravillosos, Andreas también va recuperando la conciencia de su vida anterior y encontrándose con su vida pasada, mientras Roth nos lleva a descubrirnos no tanto la vida como la integridad y bondad de ese santo laico, un santo bebedor e imposible, que obtendrá una muerte dulcísima y emocionante para el lector.
Pocas veces se ha escrito un libro así, con tanta maestría, en el que la naturalidad se combina con lo maravilloso y las situaciones que parecen insolubles desarrollan caminos inesperados que fascinan al lector.
Se ha exagerado, creo, en encontrar paralelismos entre esta obra y la vida de Roth, que era alcohólico y que también tuvo una muerte parecida a la de Andreas. Es evidente que en la literatura de la experiencia Roth sacó buenas lecciones de sus momentos de embriaguez para trasladarlas al papel, pero habiendo leído muchas más obras del autor austríaco me apresuro a afirmar que su talento no tenía porqué basarse en supuestas experiencias o en los hechos vividos en primera persona. La imaginación y estilo que derrocha en esta obra no tiene nada que ver con la biografía y mucho con el talento.
Hay muy pocos libros que causen que el lector desee prolongar en el tiempo su lectura, que no acaben jamás. Joseph Roth induce a esa sensación, y si bien la novela termina, su efecto perdura en el lector dejándole en la memoria una historia imborrable.

(Die Legende vom Heiligen Trinker)
Ed. Anagrama, col. Panorama de Narrativas
Barcelona, 2006 [1939]

Portada y sinopsis


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El Gran Frío, de Rosa Ribas y Sabine Hofmann

Hay que empezar diciendo que, después del tour de force que representó Don de Lenguas, ya entendía que volver a reproducir la brillantez de ambientación y trasfondo social de la España franquista de los años cincuenta era difícil, de manera que estaba dispuesto a un cierto bajón en la serie. El Gran Frío no es una mala novela, en absoluto. Funciona muy bien como un "quién lo hizo", está bien estructurada, y mantiene el interés. Sin embargo, hay grandes errores de concepto.
(El resumen de contraportada de Siruela es muy decente, de manera que para los detalles de argumento consulten el enlace al pie.)
Ana Martí ha dejado "La Vanguardia" y ahora es reportera de "El Caso", un paso acertado y hasta lógico. En esta investigación, Martí se traslada del ambiente urbano a un pueblo de la sierra del Maestrazgo, con lo que todo lo que tenía Ana Martí de activa y de trasladarse a los distintos niveles de una ciudad queda suprimido, y se ve recluida en un lugar pequeño y casi inmovilizada en una sola casa, lo cual es un grave error que priva de mucho de la personalidad de la protagonista (por cierto, y a pesar de llamarse "el gran frío", la novela no consigue transmitir esa sensación; hombres más recios que Ana Martí han probado el frío turolense y el recuerdo les ha perseguido toda la vida). Este enclaustramiento perjudica el ritmo y deja una impresión de pasividad por parte de la protagonista.
Que sea un ambiente rural no tendría que ser un inconveniente (Jim Thompson hizo una obra maestra con 1.280 Almas, por ejemplo), pero es que el pueblo que nos pintan las autoras tiene todos los estereotipos de la época: un cacique, un alcalde pesetero, un cura trepa, un maestro (algo) rojeras, un guardia civil bruto y un tonto del pueblo. Falta el médico altruista, pero es que el pueblo no tiene. Todos a la vez. Si alguien aduce que conoció un pueblo que era así y también tenía a todos estos tipos, le responderé que la realidad no siempre funciona bien en la ficción. Tener semejante catálogo de tópicos reunido no hace sino proporcionar a la novela un trazo grueso y poco sutil.
Hay un par de incongruencias argumentales, que no desvelaré para no perjudicar a los lectores que deseen leer esta novela, pero déjenme hacer notar a las autoras que el guardia civil puede tomarse un gran trabajo para mantener bajo llave en el cuartelillo todas las armas de fuego del pueblo, pero en el mundo rural, para matar, no se requiere una escopeta: cualquiera tiene a su disposición una panoplia de hoces, guadañas, horcas, azadones afilados como un cuchillo, etcétera.
Todos estos errores lastran una novela que hubiera deseado que fuera tan brillante como la que inició la serie. Esperemos que los aciertos, como el cambio de periódico de Ana o su ruptura sentimental (el enamoramiento de Ana no era uno de los momentos más lucidos de Don de Lenguas, precisamente) sean aprovechados en una tercera novela que espero con ilusión. Al fin y al cabo, equivocarse es el mejor medio de aprendizaje que existe.

Eds. Siruela, col. Nuevos Tiempos, serie Policiaca
Madrid, 2014 [2014]
Serie periodista Ana Martí nº 2

Portada y sinopsis


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Fargo, de Joel y Ethan Coen

SESIÓN MATINAL 

(Fargo); 1996

Director: Joel Coen; Guión: Joel y Ethan Coen; Intérpretes: William H. Macy (Jerry Lundegaard), Steve Buscemi (Carl Showalter), Peter Stormare (Gaear Grimsrud), Frances McDormand (Marge Gunderson), Harve Presnell (Wade Gustafson); Dir. de fotografía: Roger Deakins; Diseño de producción: Rick Heinrichs; Música: Carter Burwell.

Los hermanos Coen ya llevaban a cuesta una carrera meteórica como renovadores de las historias cinematográficas cuando irrumpieron con Fargo, una película que logró lo imposible: superar en ciertos aspectos a Muerte entre las Flores en cuanto a film negro-criminal y combinar la historia con una elevada dosis de humor negro, lo que la dotó de una originalidad como no se había visto antes.
La historia de un secuestro "desde dentro", es decir, promovido por un marido necesitado de dinero en el que dos rufianes secuestran a su esposa para que así el suegro pague el rescate es ya sórdida de por sí; en cuanto vemos a quienes lo van a ejecutar, sabemos que el desastre está asegurado. A todo ello se contrapone la investigación realizada por una policía que representa un ataque directo a todo tópico machista que exista en el género y fuera de él. No sólo es mujer, sino que está embarazada, además de mostrarse en apariencia como una persona apocada: las apariencias engañan, porque sí es mujer, embarazada y apocada, pero en absoluto un carácter débil (una interpretación magistral de Frances McDormand).
Un escenario deslumbrante por la nieve y unos personajes que son unos absolutos desgraciados, salvo Frances McDormand, que sabe muy bien conformarse con un mundo bueno, conociendo como conoce el otro, componen lo que en otras manos hubiera derivado en una comedieta de situación insoportable, o en un desastre absoluto. Los Coen convirtieron la historia en un asombro para el espectador, que va de sorpresa en sorpresa, viendo cómo los protagonistas ejecutan una chapuza tras otra, y sin embargo teniendo la impresión de que todo lo que sucede en pantalla es perfectamente plausible. Y Preguntándose cuándo pondrán el límite a ese humor negrísimo conforme la trama avanza. La respuesta es que no lo ponen jamás, y esta película constituye la mirada más sardónica que hay a la vida americana y sus defectos.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Lennie Tristano en The Confucius

Tendremos hoy la actuación de uno de los genios pianísticos más famosos del jazz, Lennie Tristano. Ciego desde los nueve años, multiinstrumentista, riguroso en todo, fue un precursor de lo que se denominaría free jazz, pero no se preocupen: Tristano hubiese corrido a gorrazos a algunos que dicen practicar ese estilo, y además fue un grandísimo estudioso de la armonía, de manera que la cuestión armónica está garantizada, aunque la sorpresa también.
Porque, en su época, Tristano no se parecía a ningún otro. El Cifu les hablará del amor de Tristano por Bach: en algunos pasajes, esto se nota, si se escucha con atención. Pero la música que interpretó, aunque pueda sonar poco al uso, resulta fascinante por su concepto innovador y su continua renovación, incluso en la misma interpretación.
Lo tenemos en formación de cuarteto, acompañado de músicos excelentes, todos y cada uno de ellos: Lee Konitz al saxo alto, Gene Ramey al contrabajo y Art Taylor a la batería.
Escucharemos, salvo dos estándares, composiciones de Tristano: April, sobre las armonías de I Remember April; Confucius Blues; Lennie-Bird, sobre las armonías de How High the Moon (y algo sobre la rearmonización que Charlie Parker hizo de ellas en Ornithology); el estándar These Foolish Things; 317 East 32nd Street, sobre las armonías de Out of Nowhere; e, incompleto, All the Things You Are.
Les aseguro que prestar atención a Lennie Tristano es adentrarse en un jazz poco convencional pero bellísimo, como también les dirá el Cifu. Atrévanse y disfruten.


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Un Visitante de las Antípodas, de L. P. Hartley

Leslie Poles Hartley, conocido principalmente por el gran público por El Mensajero, novela sobre la cual Joseph Losey realizó una famosa película, cultivó el género del relato de fantasmas con aprovechamiento y originalidad, recibiendo elogios (tal vez un poco tardíos) como uno de los más originales autores.
En apariencia, el relato de fantasmas que les presento hoy (y que aquellos que lean inglés pueden consultar en el enlace que figura al pie de la reseña) es muy convencional. Un hombre llega a Inglaterra después de hacer fortuna en las antípodas. En paralelo, otro hombre sube a un autobús, un hombre ciertamente macabro, siniestro, rígido, y no sólo mentalmente.
Poco a poco, de forma sutil, ambas historias se van entrecruzando. El rico es demasiado expansivo y demasiado feliz de estar en Inglaterra como para que sea trigo limpio, el extranjero demasiado mecánico como para no tener una obsesión. No es necesario decir qué sucederá en el encuentro a aquellos que estén habituados al género de fantasmas.
Sin embargo, hay detalles distintivos que hacen de este cuento algo único y que lo distinguen de las otras ficciones de la época. Su imaginería por ejemplo, esos detalles que son imágenes inusitadas que se quedan en la mente del lector y que preparan cuidadosamente la atmósfera del relato. Pocos pueden olvidar esa rigidez del "visitante", y pocos su manera de proceder, fría, ominosa.
Por otro, la conversación entre el camarero y el potentado, sobre la ley y la regla, y sobre la justicia que al final puede alcanzar a todos, una anticipación del final pero que sitúa al lector en contexto.
Y unas vivas imágenes de unos juegos infantiles que alcanzan dimensión psicológica, anunciando la condenación cruel del protagonista.
Todo ello procede por acumulación, dando una dimensión barrocamente psicológica a la vez que enormemente moderna en su devenir violento y extremo.
Poco se ha editado de Hartley en España. Una lástima, puesto que el resto de sus relatos responden maravillosamente a las expectativas de modernidad y de profundidad dentro del género, y constituyen unos de los mejores ejemplos de construcción narrativa.

(A Visitor from Down Under)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1926]
Selección de Michael Cox y R. A. Gilbert

Texto en inglés de A Visitor from Down Under



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La Máscara de Dimitrios, de Eric Ambler

Cuando un autor recibe elogios de su contemporáneo Graham Greene, que fue candidato al Nobel de literatura, y pasados muchos años John Le Carré, el mejor de entre los mejores de la literatura de espionaje, declara que "Ambler es la fuente de la que todos bebemos", quiere decir que el lector no va a encontrarse con un autor más, con un mero artesano.
Ambler explica en sus memorias que los thrillers de su primera época como escritor, los años veinte y treinta, le aburrían. Le parecían mecánicos, repetitivos, acartonados, con personajes estereotipados, sin personalidad y de un tiempo pasado. Lo que hizo en su obra fue introducir los ambientes sórdidos, la cotidianeidad, el mundo contemporáneo en lugar de refugiarse en la época victoriana o eduardiana, la falibilidad en las acciones y, sobre todo, dotó a sus personajes, tanto los protagonistas como los villanos (y en ocasiones, ambos coincidían), de personalidad y matices (de humanidad, si se quiere), haciéndolos dudar, temer, errar, amar u odiar; no hallarán en la obra de Ambler un personaje lineal o simple, y estas convoluciones de los caracteres convirtieron sus novelas en tan realistas como para resultar cercanas al lector.
Existe un consenso general en que La Máscara de Dimitrios es la mejor de sus novelas, y ciertamente es una fama justificada; incluso se pueden trazar sus influencias en obras como El Tercer Hombre. Desde luego, metió de un puntapié al thriller en la modernidad.
Latimer, escritor de novelas policíacas (de esas con mayordomo y té a las cinco, y hay una buena dosis de ironía sobre el género de la época en ello), es llamado en Istanbul por el coronel Haki, del servicio secreto turco, justamente porque es un aficionado lector de sus novelas. Por casualidad, estando en el despacho del coronel, se recibe la noticia del hallazgo del cadáver de Dimitrios Makropoulos, un criminal, en palabras de Haki, de «historia incompleta, sin valor artístico, sin investigaciones, sin sospechosos ni móviles ocultos, pura sordidez». Y Latimer se siente tentado de investigar la historia de ese criminal, tal vez el primero auténtico que encuentra en su vida, aunque sea en forma de cadáver.
Jugando con la complicidad y la inteligencia del lector (y es notable el respeto de Ambler por sus lectores), sabemos muy bien que la investigación que Latimer empieza, tratando de seguir y completar la historia, tiene el truco de que el cadáver rescatado en el Bósforo no es en realidad el de Dimitrios, y que éste aparecerá tarde o temprano, pero eso es precisamente una de las virtudes de la novela: Dimitrios se constituye en presencia ominosa, constante en su ausencia pero amenazante en su posible aparición. Latimer investiga los crímenes brutales de Dimitrios en Esmirna, sus intrigas y espionaje en los Balcanes, su actividad de gran criminal en Italia y Francia. Poco a poco, se va delimitando lo que era un mero espectro, una sombra, hasta ir formando la imagen de un hombre despiadado, manipulador e inteligente, un criminal sin escrúpulos, cuya aparición, precisamente por haber estado ausente durante tantas páginas, no es sino un clímax de emociones y de peligro, un encuentro entre el ingenuo e inofensivo Latimer y el implacable y letal Dimitrios.
Hay que decirlo bien alto: escrita en 1939, esta no es una novela que no tuviera más mérito que el de marcar un hito en su época. Leída hoy sigue conservando toda su potencia, su estructura pulcra, su ritmo perfecto, su ambientación realista y sus personajes creíbles. Es la obra maestra de Ambler, pero sigue siendo una de las mejores novelas del género, una referencia de pasado, de presente y, setenta y cinco años después de escrita, se puede afirmar que también de futuro. 

(The Mask of Dimitrios)
Edhasa, col. Pocket
Barcelona, 2004 [1939]

Existe reedición en RBA

Portada y sinopsis


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Barri Perdut, de Patrick Modiano

En cuanto se supo de la concesión del premio Nobel de literatura a Patrick Modiano, los medios echaron mano de tópico y declararon lo de siempre, a saber: Que los miembros de la academia sueca se pasan el año meditando a qué escritor desconocido pueden premiar para así tocar las narices a los periodistas culturales. Eso es confundir la ignorancia propia con el mundo real, y no es de extrañar que después (salvo honrosas excepciones) salga lo que sale en las revistas literarias.
Lo cierto es que Modiano ha tenido una edición constante e inmediata en España (como demuestra el libro que comento) y, sin ser un superventas, sí tuvo y tiene su público.
Se ha premiado a un novelista. Quiero decir que, por mucho que tenga estilo propio, el fuerte de Modiano es estructurar una historia de tal manera que interese, que intrigue, que permita al lector entrar y conocer el pensamiento y la psicología de los protagonistas, y que mediante sus historias muestre diversas épocas y lugares de París. Porque se ha apuntado (esta vez, con razón) que París es un protagonista más de las novelas de Modiano. No sólo es cierto, sino que es posible recorrer cada una de sus historias como si de una guía de viajes se tratara.
Sorprende de Barrio Perdido que su tono general sea casi el de una novela policiaca. Casi, porque llega a un punto donde el enigma criminal deja de ser importante para trasladarse a la vida interior (y anterior) del protagonista.
Ambrose Guise es un autor de novelas policiacas que vuelve a París para resolver unos contratos de edición, después de veinte años de ausencia de Francia. Una ausencia que se remonta a cuando se llamaba Jean Dekker y su vida se desarrollaba alrededor de un grupo bohemio y rico que era parte de una Francia que se desvanecía. Un drama criminal forzó su huida de de París y de una vida que era una forma de autodestrucción.
Modiano recupera en esta novela un paisaje del París de los años cincuenta, un París que permanece en pie pero cuya vida se extinguió y cambió a otra cosa. A través de Ambrose / Jean asistimos a una vida que se abocaba a la nada, a un proceso de negación y finalmente a un regreso necesario para, por fin, realizar la catarsis que permitir´el olvido y el emprender una nueva vida.
Modiano nos lleva a través de los enigmas que representan sus personajes, sostenuiendo nuestro interés en este recorrido simbólico y emocional; un viaje interior y exterior que nos habla de asumir y superar el propio pasado.

(Quartier Perdu)
Columna Eds.
Barcelona, 1985 [1984]

Existe edición castellana en editorial Cabaret Voltaire
Portada y sinopsis de la edición castellana


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Glengarry Glen Ross, de James Foley

SESIÓN MATINAL 

(Glengarry Glen Ross); 1992

Director: James Foley; Guión: David Mamet, basado en su propia obra teatral; Intérpretes: Al Pacino (Ricky Roma), Jack Lemmon (Shelley Levene), Alec Baldwin (Blake), Ed Harris (Dave Moss), Alan Arkin (George Aaronow), Kevin Spacey (John Williamson), Jonathan Pryce (James Lingk); Dir. de fotografía: Juan Ruiz Anchía; Música: James Newton Howard; Diseño de producción: Jane Musky; Montaje: Howard Smith.

Procedente de su propia obra de teatro, David Mamet escribió un guión impresionante, una película con ocasiones de lucimiento para todos los actores intervinientes y una que, si bien tiene un mensaje amargo, queda en el recuerdo por la intensidad de sus interpretaciones y la elevada calidad de los actores, destacando sobre todo Al Pacino y Jack Lemmon.
Sorprende que en 1992 David Mamet ya se mostrara crítico con la sociedad capitalista neoliberal que preconizaba el beneficio a toda costa, sin que importaran un bledo las personas. O tal vez no sorprenda tanto, conociendo a Mamet y su inteligencia.
El caso es que la película es demoledora. Una serie de comerciales de bienes raíces tienen que lograr, en un solo día, vender las parcelas que tienen asignadas. Los dos que queden últimos en esta carrera serán despedidos. Y así asistimos a toda la serie de dramas personales de los comerciales, que necesitan el trabajo por motivos muy humanos que a la empresa les trae sin cuidado, y a cómo esta necesidad les convierte a su vez, en un juego perverso, en los más despiadados tiburones de la venta, dispuestos a endosarles unas parcelas que son poco más que basura a quien sea, por los medios que sean.
Saltando de personaje en personaje, y casi rodada a tiempo real, el ambiente se hace claustrofóbico, la expresión coral se vuelve frenética, la agresividad individual no hace sino aumentar y la tensión se vuelve insoportable.
En una conjunción perfecta de drama y crítica social, esta película queda como la más fuerte y reveladora crítica a un mundo empresarial que ha perdido toda su humanidad para convertirse en una maquinaria de engaño y destrucción. Una joya.

Tráiler:



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Jazz Porque Sí: Thelonious Monk en el Town Hall de Nueva York

En el anterior programa dedicado a Thelonious Monk habíamos empezado a escuchar el concierto que éste, acompañado de nueve músicos más, realizó en febrero de 1959. Habíamos escuchado un par de temas y comprobado que, por la composición instrumental del grupo, con Donald Byrd a la trompeta, Eddie Bert al trombón, Robert Northern al corno francés, Jay McAllister a la tuba, Phil Woods al saxo alto, Charlie Rouse al saxo tenor, Pepper Adams al saxo barítono, Sam Jones al contrabajo y Art Taylor a la batería, además del piano de Monk, habíamos comprobado, decía, que la sonoridad era muy atractiva, muy singular, un auténtico gozo de instrumentación. A ello no era ajeno el arreglista del concierto, un pianista llamado Hall F. Overton que consiguió más fama mediante sus instrumentaciones que como intérprete. El trabajo que realizó fue espléndido, y no es de extrañar que figure destacado en todas las discografías de Overton, amén de representar una de las mejores formas de introducirse en la aparentemente difícil música de Thelonious Monk.
Escucharemos en esta ocasión Monk's Mood; Little Rootie Tootie; Off Minor; Crepuscule with Nellie (y, si todo el concierto es estupendo, esta balada representa la corona de la actuación); y un bis de Little Rootie Tootie, repetido por motivos que el Cifu les explicará.
Como siempre, no se pierdan los comentarios del Cifu, que siempre aportan datos y conocimiento. Disfruten de la música.


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La Víctima, de May Sinclair

May Sinclair, por desconocida que pueda resultar por estos lares, es una importante figura de las letras inglesas, la primera escritora que utilizó el término "flujo de conciencia", lo que también se denomina "monólogo interior" y lo practicó a fondo en sus obras. Eduardiana por la época, sin embargo fue una sufragista activa, voluntaria en el cuerpo de ambulancias en el frente de Flandes durante la Primera Guerra Mundial, y gran pionera de las teorías psicoanalíticas, por las que se apasionó y que influyeron en su obra. El cuento que hoy comentamos, y que sólo es uno de las historias de fantasmas que escribió y que se reunieron en Uncanny Stories, fue publicado en la revista The Criterion por T. S. Eliot.
Steven Ackroyd es un hombre violento. Demasiado violento, y proclive a dejarse llevar por sus impulsos. Cuando el primo de su prometida pretende besarla, se supone que fraternalmente, Steven le pega una paliza que lo deja medio muerto. Ha sido demasiado, y su prometida Dorsy ha empezado a temerle también, de manera que, después de pedir consejo al anciano señor Greathead, el patrón de Steven, rompe el compromiso y se marcha.
Steven cree que el detonante de esta ruptura ha sido Greathead, y su odio por él, que no era poco anteriormente, crece hasta llevar la venganza al asesinato. Un asesinato sanguinario, frío, metódico, brutal, del que May Sinclair no nos ahorra detalles (por lo menos para la época) y en cuya descripción sin duda tuvo que pesar alguna escena contemplada en los campos de batalla y hospitales de campaña de Europa.
Steven es impulsivo y violento, pero no tonto. Lo ha planeado todo al detalle, y sigue su vida normal, aunque cada vez más amargado. Y entonces... bueno, se trata de un relato de fantasmas, ¿no?
Sólo que en esta ocasión Sinclair no sigue el patrón habitual. No sigan leyendo si tienen el proyecto de leer este relato, porque no queda más remedio que explicar algún detalle.
Los relatos de fantasmas "benéficos" no son inusuales en la literatura (al fin y al cabo, los fantasmas de Navidad de Scrooge pretenden la redención de éste), pero si bien los espectros pueden tener una intención final buena, los medios que emplean siempre son terroríficos. En esta historia no. El fantasma de Greathead aparece, cierto, pero no es amenazante. A lo más terrible a lo que se enfrenta Steve es a su propia conciencia, avivada al límite de la locura por la visión del espectro (un tema psicoanalítico como pocos) y es en esta tesitura que Sinclair nos muestra que nuestra propia mente es más poderosa que cualquier otra amenaza. El final del relato lo dejaré sin desvelar.
Es seguro que desde el 1922 se han escrito relatos que tratan las apariciones fantasmagóricas de manera similar. El género tiene un campo muy estrecho, y las variantes principales ya se formularon hace mucho, pero pocos se habrán escrito con tanta intensidad psicológica, brillantez estilística y estructura narrativa tan exacta. En su época supuso una sorpresa, una elegante innovación en el género, y si bien la sorpresa es menor hoy día, la originalidad y el estilo se mantienen intactos.

(The Victim)
En Historias de Fantasmas de la Literatura Inglesa II
Edhasa, col. Fantásticas
Barcelona, 1989 [1922]
Edición de Michael Cox y R. A. Gilbert


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Baudelaire por Gautier. Gautier por Baudelaire

Hubiera sido divertido que estas "dos biografías románticas" hubiesen sido escritas como un juego, como queriendo poner ante cada uno de los poetas un espejo en el que se vieran reflejados en la mente del otro. Pero no.
Gautier escribió esta biografía poética tras la muerte de Baudelaire, mientras que éste hacía su escrito desde la admiración y como introducción a una obra de un escritor consagrado.
Sin embargo, sí existe algo de este juego de espejos que apuntábamos. Románticos ambos, no obstante no habían escritores más dispares, pero el aprecio mutuo que se profesan es evidente, en lo que no puede entenderse más que como la facultad de ambos para reconocer el genio literario.
A un nivel necesario y básico, ambos textos cumplen su función de estimular la lectura de los biografiados, no en vano Gautier le otorga "el más honroso título" que puede tener un literato, y Baudelaire, a su vez, lo denomina "un perfecto hombre de letras". Pero el segundo nivel es el de la lectura después de que el lector haya pasado por la obra. Ambos escritores se analizan, descubren los matices del otro, ponen en valor sus logros frente al resto de escritores de su generación; si no hay envidia, sí por lo menos hay una atención fija en los lugares a los que cada uno hubiera querido llegar y que fueron conquistados por el otro.
Hay, incluso, otro nivel más. Puesto que se conocieron y frecuentaron, estos textos suponen una mínima crónica del ambiente literario de una Francia (y, por extensión, de Europa) enormemente vital en sus manifestaciones literarias y repleta de "ismos". En este relato de encuentros descubrimos el París de los salones, las diferentes opiniones y debates que se producían y las afinidades y rivalidades que se daban.
Es una lástima que estos textos se escribieran antes del surgimiento del psicoanálisis, que hubiera proporcionado con sus teorías otra herramienta de interpretación a ambos escritores y que seguro hubieran desarrollado con brillantez. Sin embargo, la aguda percepción poética que tenían el uno del otro suple con creces eso que no puede ni denominarse carencia. Desde poéticas diferentes, claro, pero eso es lo que hace a estas biografías interesantes. Como he dicho antes, la grandeza de ambos fue la de reconocer el genio y admirarlo sin paliativos y sin mezquindad. Que ese genio era auténtico lo prueba la persistencia de la obra de Baudelaire y Gautier casi siglo y medio después.

Nostromo / Mauricio d'Ors Ed.
Madrid, 1974 [1868]


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"No lo Comprendo, No lo Comprendo". Conversaciones con Akira Kurosawa

Y quienes conversan con él son Nagisa Oshima, Gabriel García Márquez y Donald Richie, ni más ni menos. En diferentes registros, Richie haciendo un repaso película a película hasta Yojimbo, de 1961, Oshima entablando la conversación de un "joven Turco" que sin embargo reconoce los méritos del maestro al que entrevista y García Márquez en una charla de iguales, de creador a creados. Estos diferentes puntos de vista proporcionan una visión global sobre el cine y la idea que de él tiene un cineasta reconocido internacionalmente  pero incomprendido durante mucho tiempo en su país.
A Kurosawa se le llamaba "el emperador", no precisamente como un elogio, sino insinuando cierto carácter tiránico. En el transcurso de estas conversaciones queda claro que lo que pasaba por autoritarismo era en realidad un conocimiento intenso de todas las técnicas cinematográficas. Resulta que, antes de la guerra, la productora Toho en la que estaba como aprendiz de ayudante de dirección Kurosawa emprendió un programa educativo en el que todos los cineastas en período de aprendizaje tenían que pasar por todos los departamentos, desde carpintería hasta guión, y aprender cualquier aspecto técnico. Los especialistas posteriores creyeron que Kurosawa se metía en lo que era su dominio. En realidad, probablemente Kurosawa dominaba mejor que ellos sus técnicas, o por lo menos sabía cómo enlazarlas mejor con la totalidad de la producción.
De todas maneras, lo más importante de este libro es la visión que del cine tenía Kurosawa y las muy claras ideas de cómo superar una actitud anticuada que existía en Japón sobre cómo filmar los distintos temas.
Esa filosofía, que le hizo ser poco apreciado en su patria, supuso un paso enorme para la cinematografía nipona, y es seguro que, con mayor o menor talento, que eso no es controlable, el cine japonés actual es heredero de esta visión que Kurosawa, junto a Ozu, Mizoguchi y otros, con penas y trabajos, imprimieron a sus películas.
En unas conversaciones inteligentes, imprescindibles para comprender de verdad la historia de la cinematografía japonesa, y tremendamente valiosas para conocer el pensamiento del director, el habitualmente huraño Kurosawa revela sus opiniones sobre el trabajo creativo y sobre lo que el cine aporta al respecto de la comprensión de la vida y el ser humano. Descubrimos, no las ideas de Kurosawa (irreductible y tenaz, éstas se encuentran es su cine), sino el proceso creativo de un genio, uno de los pocos que ha sido capaz de tender un puente entre culturas muy diferentes, y hacerlo con brillantez y una personalidad arrolladora.

(artículos de Film Quarterly, Akira Kurosawa: My Life in Cinema y Los Angeles Times Calendar)
Confluencias Ed., col. Conversaciones
Almería, 2014 [1960, 1993 y 1991]
Introducción de Donald Richie

Portada y sinopsis


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Efectos Secundarios, de Steven Soderbergh

SESIÓN MATINAL

(Side Effects); 2013

Director:Steven Soderbergh; Guión: Scott Z. Burns; Intérpretes: Rooney Mara (Emily Taylor), Jude Law (Dr Jonathan Banks), Catherine Zeta-Jones (Dra Victoria Siebert), Channing Tatum (Martin Taylor), Ann Dowd (madre de Martin), Vinessa Shaw (Dierdre Banks), Sheila Tapia (abogada de Emily); Dir. de fotografía: Peter Andrews (Steven Soderbergh); Música: Thomas Newman; Diseño de producción: Howard Cummings.

No es una película perfecta, y su imperfección radica en que hay que tener paciencia hasta llegar al punto en el que la película realmente alcanza el punto de tensión narrativa adecuado; pero cuando esto sucede, entonces el filme remonta el vuelo de manera muy efectiva.
La trama es complicada. Por esquematizarla un poco, Emily es una mujer que lo tenía todo hasta que su marido fue detenido y encarcelado por un chanchullo económico. Ahora ha vuelto a la libertad e intenta rehacer su vida, pero Emily sufre una depresión que culmina en un intento de suicidio. El psiquiatra que la atiende en el hospital, Jonathan Banks, empieza a tratarla, y ante la falta de respuesta de otros medicamentos, le receta uno que, en principio, parece tener éxito, aunque como efecto secundario parece provocar de tanto en tanto algún ataque de sonambulismo. Es en el curso de uno de estos ataques cuando Emily mata a su marido. A partir de aquí empieza un juicio en el que el doctor Banks puede resultar muy mal parado (y su vida ya se está viendo afectada) ante la disyuntiva de que o bien Emily era plenamente consciente de lo que hacía o bien recetó un medicamento con peligrosos efectos secundarios.
Hasta aquí puedo explicar sin reventar la trama. Sólo decir que lo que empieza como un melodrama psicológico de depresión, en el punto en el que me he quedado en la explicación argumental la película da un punto de inflexión y se convierte en todo un film noir al que sólo le falta el claroscuro. Porque nada es lo que parece, y puede que la inocente Emily no lo sea tanto. ¿Problema? Pues que para llegar hasta aquí Soderbergh necesita unos excesivos sesenta minutos de los 106 totales de la película. Si se hubiese contado esta primera parte de forma más económica, el filme hubiese ganado en agilidad y no hubiese puesto a prueba la paciencia del espectador. Pero, eso sí, en cuanto se entra en el auténtico tema, se convierte en un thriller de primera categoría, con todos los pronunciamientos.

Tráiler:


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Jazz Porque Sí: Count Basie en el Americana Hotel de Miami (II)

Vamos a tener hoy una espléndida sesión de baile (porque para eso estaban en el Americana Hotel) con la orquesta de Count Basie; una orquesta de sonido reconocible de inmediato, y tal vez la única en poder competir (nunca rivalizar) con la de Duke Ellington.
Ya he dicho varias veces que, si hay que destacar algo aparte de la indudable calidad musical colectiva y solista de sus componentes, esto sería una elegancia que parece natural pero que fue el toque distintivo y muy trabajado de la orquesta; una sincronía total, que producía unos unísonos únicos en su género, con un funcionamiento preciso, sin que para eso se perdiera nada de swing; y ese sonido que le daba sabor y que era no sólo distintivo del Conde y sus muchachos sino de toda una época. Pregúntenselo si no a Jerry Lewis, que acabó siendo amigo de Basie y que utilizó a la orquesta en muchas de sus películas.
Lo que escucharemos en este pase de madrugada en el Americana Hotel será Let's Have a Taste; el muy conocido Moten Swing; tres temas vocales a cargo de Joe Williams con el acompañamiento elegante que siempre le daba la orquesta, You're a Memory; The Comeback; y Hallelujah I Love Her So. Y entonces, como cierre, el tema de marca de Basie, One O'Clock Jump, con un invitado que se marca un estupendo solo al principio, el gran trompetista Harry Edison.
Nos trasladaremos entonces a un estudio de grabación para escuchar un disco específicamente producido para el lucimiento del vocalista Joe Williams, que demostrará sus dotes como cantante melódico y como bluesman: What Did I Win; Cherry Red; Baby Won't You Please Come Home; y el gran éxito de Williams, de nuevo interpretado, Everyday I Have the Blues.
Atentos como siempre a los comentarios del Cifu, y déjense llevar por el ritmo bailable de la orquesta de Count Basie y sus muchachos. Que lo disfruten.



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La Tercera Expedición, de Ray Bradbury

Las historias del padre absoluto de la ciencia ficción poética siguen conservando una envidiable salud, y una persistencia en la memoria que dice mucho de la imaginación del maestro.
Es el caso de La Tercera Expedición, también conocida como ¡Marte Es el Cielo!, un relato perteneciente al ciclo de las Crónicas Marcianas que impacta a quien lo lee por primera vez, y conserva su magia en las siguientes lecturas, por su mezcla íntima de géneros y su lógica interna.
Situado dentro del ciclo en "Abril de 2000" (¡Qué tiempos aquellos del optimismo en la colonización de los planetas!), la tercera expedición a Marte llega a este planeta y se encuentra frente a una visión que no pueden creer: un pueblecito, idéntico a los de la América Rural, de hecho idéntico a los del Illinois del que proceden algunos de los tripulantes del cohete.
Pero no sólo el pueblo es idéntico en su forma. También lo es en los de los más queridos recuerdos de los tripulantes, y la nostalgia de la Tierra que esto impone hace que éstos abandonen la nave para comprobar de cerca que no están soñando.
No lo hacen, aunque sí hay algo de ensueño cuando se encuentran con sus seres queridos, vivos y ansiosos de recibirlos, viviendo en las casitas de madera. Marte es el cielo, concluyen, y allí es donde van a descansar las almas de las buenas personas que conocieron. Y ellos han podido, gracias a un viaje en el espacio, descubrir esta verdad y recibir el premio de volver a ver a abuelos, padres y hermanos largamente desaparecidos.
Pero no. Marte no es el cielo, y de hecho es un infierno en el que las visiones de ensueño se convierten en la peor de las pesadillas.
Bradbury había empezado su carrera de escritor como autor levemente lovecraftiano, ciertamente autor de cuentos de terror, y cuando redactó los relatos que acabarían componiendo su ciclo marciano no se privó de incluir algunos con regustos ciertamente macabros. Aunque, y esa fue su magia, imbuyó a esos relatos, situados en un lugar muy lejano en el espacio, de una nostalgia que está presente en toda su obra, de un paraíso perdido como el de la niñez, y del contraste entre la inocencia y la realidad. Construido con ese regusto poético por las definiciones de la vida sencilla, el hecho de que suceda en un mundo en el que la colonización de Marte está teniendo lugar no hace sino potenciar todos los elementos del relato, desde la nostalgia a la extrañeza, incluyendo ese final que es uno de los más originales que jamás se han escrito en la ciencia ficción.

(The Third Expedition o Mars Is Heaven!)
En Crónicas Marcianas
Planeta DeAgostini, col. Biblioteca de Ciencia Ficción
Barcelona, 2004 [1948; revisada 1950]

Texto en inglés de Mars Is Heaven!


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Butcher's Crossing, de John Edward Williams

El inexplicable olvido en el que cayó un estupendo narrador como John Williams va siendo reparado, aunque sea póstumamente, con las reediciones de sus obras en Estados Unidos y la edición por vez primera en nuestro país.
Si con August nos encontrábamos ante una novela histórica profundamente reflexiva para con la soledad del poder, en Butcher's Crossing, en un cambio de registro que al parecer no fue inhabitual en su autor, tenemos un western antiépico, una novela de iniciación y de rito de paso que en segundo término se ocupa de desposeer a un género americano excesivamente mítico de todo lo que de heroico sobreimpuesto tiene. No hace tantos años que la vida de Buffalo Bill era, en sus diferentes versiones, un libro juvenil que ensalzaba el mito de un cazador sacrosanto que, como un nuevo Hércules, triunfó en todas las pruebas a las que se sometió. Hoy, y aun respetando la figura del mito (que sabemos fue un poco o un mucho autoconstruido), sabemos que Buffalo Bill estuvo a punto de, si no él solo, contribuir a la práctica extinción del bisonte americano (y directa o indirectamente a la hambruna de las tribus indias). Que fuera alguien producto de su tiempo no lo exime del juicio histórico, y su comportamiento ya no debería ser ejemplo para nadie.
Viene el bisonte a cuento porque de esto trata, en un nivel, esta novela. William Andrews llega a Butcher's Crossing, un poblacho semiprovisional formado alrededor de la caza de búfalos, tras abandonar Boston, donde era estudiante de leyes en Harvard. Busca el contacto con la naturaleza, la comunión con los grandes espacios y (se trasluce) la épica del pionero, sea un cazador, un trampero o un buscador de oro. Esto queda claro cuando le es ofrecido un empleo como contable en la empresa que trafica con las pieles de bisonte, y que Andrews rechaza. Es, incluso en Butcher's Crossing, un empleo demasiado civilizado, demasiado parecido a la ciudad que ha renunciado a la naturaleza y que Andrews ha abandonado.
Pero sucede que el viejo oeste da sus últimos estertores. Es inminente la llegada del ferrocarril, y lejos están los tiempos en los que los bisontes cubrían la pradera hasta donde alcanzaba la vista. Los rebaños que quedan, cada vez más escasos, son de cuarenta o cincuenta cabezas, y aun así son cazados sin piedad.
Hasta que Andrews habla con Miller, un cazador independiente, tal vez la única figura de la novela que se aproxima a lo mítico. Él ha visto un valle entre las montañas de Colorado donde pace un rebaño de bisontes de centenares, miles de ejemplares. Un valle al que sólo él sabe llegar y que con tan sólo una expedición podría hacerles ricos.
Es así como empieza un viaje hacia un mito que se hace realidad, porque ese valle y esos bisontes existen. Pero es una expedición que a la vez es antimito y negación, porque su objetivo último es despoblar de búfalos el lugar, convertirlo en otro valle más, liquidar la esencia de las historias que Miller podría contar al calor de una hoguera. La inmensa contradicción de Andrews es que, huyendo de la civilización que niega la naturaleza, se ha convertido en agente civilizador, el pionero de la destrucción de lo natural.
Pero también es un viaje iniciático. En él descubrirá el trabajo manual, el hedor, los parásitos, el sufrimiento y la muerte. Y saldrá transformado de la experiencia. No sabemos si para bien o para mal, pero sí que sospechamos que su mirada ya siempre se dirigirá hacia el oeste.
Todo ello narrado con un estilo directo pero que no elude la reflexión, que describe pero da claves a la interpretación, que narra pero que también hace pensar. Un estilo equilibrado y apasionante, que lleva de la mano al lector hasta el fin de una antiépica, hasta la comprensión de lo que existió detrás del mito.

(Butcher's Crossing)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 2013 [1960]

Existe edición castellana en Ed. Lumen

butchers-crossing_9788429771428.jpg
John Williams
«Un dels millors llibres que s’han escrit mai sobre la naturalesa elusiva d’Occident.» Time Out New York  

Portada y sinopsis de la edición castellana


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La Prueba, de César Aira

Es difícil definir la narrativa de César Aira. Parece no tener precedentes, ni enclavarse en ninguna corriente o estilo, y desde luego es tan personal que difícilmente puede tener continuadores.
Anarquista, más que anárquico, gusta de subvertirlo absolutamente todo, y no es extraño encontrar personajes que, en sus narraciones, se llaman César Aira, aunque se expresen como una mujer mientras el resto del mundo los ve como hombres, como sucede en En Cómo Me Hice Monja. Sin contar con que sus temas son siempre cambiantes y tanto puede crear un superhéroe que no se parece a ninguno (Las Aventuras de Barbaverde) como hacer que un poeta nos relate su vida desesperada y solitaria, en una historia llena de excesos, sólo para encontrarnos, al final, con su su vida familiar y feliz al otro lado de una puerta.
En este espíritu subversivo, que no epatante, en La Prueba hallamos a una chica gordita y bienpensante, más que tímida consciente de su fealdad, que es requebrada en plena calle por dos chicas punkis. Al recriminarles la burla, con toda seriedad, Mao (la otra se llama Lenin) le asegura que lo que siente es amor. A partir de esto Marcia se ve en una conversación nihilista pero romántica, en un amor que no responde a convenciones sino que más bien las aplasta, en un mundo en el que ninguna regla tiene validez. Hasta que, con una lógica impecable con lo que precede, Mao y Lenin se disponen a darle a Marcia una prueba de su amor verdadero, asaltando un supermercado y matando por amor. Extremo, sí, pero lógico, más lógico en su actitud vital punk que muchos o la mayoría de punks llegan a imaginar.
Aira sabe elegir su voz narrativa para que se adecue al relato, domina a la perfección todos los ritmos y, en suma, conoce todos los artificios (sin resultar artificioso) que hacen de una narración un enigma que intriga al lector y lo lleva hasta el último párrafo. Al mismo tiempo, es un irreductible, y lo que cuenta o cómo lo narra no se pliega a ninguna comercialidad ni responde a ningún estereotipo o convención literaria. Si a algo se asemeja la escritura de Aira es a la escritura automática de los surrealistas, pero con una coherencia interna que la hace particular, por mucho que el flujo narrativo parezca variable en la forma de atacar la temática o en los cambios de género que se producen en el mismo relato.
Tomando a veces riesgos enormes, pero dominando el arte con una maestría tal que puede salir indemne de ellos, en historias que pueden definirse como alucinadas por su perversión de la lógica y la trama de la realidad, Aira esquiva todas las comparaciones. César Aira no se asemeja más que a César Aira, e incluso en esto es tan poliédrico que parece más un colectivo de escritores que uno solo. No es literatura fácil, a menos que el lector esté dispuesto a quedar perplejo ante sus historias. Pero cuando se deja llevar por la narración, el final del viaje será el de la satisfacción (inquietante en muchas ocasiones) por haber recorrido un camino que nadie podía imaginar.

En Cómo Me Hice Monja. La Prueba. El Llanto
Grijalbo Mondadori, col. Literatura Mondadori
Barcelona, 1998 [1993]

Portada y sinopsis